miércoles, 28 de enero de 2026

UNA TERRAZA EN NOCTURNO

Por Juan Arguedes



“Alma curiosa que sufres

Y vas en busca de tu paraíso

¡Compadéceme! si no, ¡te maldigo!

-Charles Baudelaire



I

Moribundo voy ante los pasos de una sombra,

Tiniebla que cubre mi espanto

He sido siempre el de atrás

El que se ha quedado con sombra y espanto

Terrible sentimiento que aflora mi delirio

Cúrame de espanto, le digo a mi abuela,

Y ella me ramea

La sombra se aleja y mi camino florece

Otra vez la extraño, Flor de mi escritura

Señuelo que rompe en llanto

Yo que siempre he sido un caminar sin rumbo

Mi abuela me cubre de espanto.


II

Bajo Terraza he visto a mucha gente pasar

Lo carros pasan

Las nubes también

Y el humo del cigarro se apaga

Son ficciones que se ocultan en el poniente

Nocturno, pero no a Rosario

Más bien las confesiones de un Santo

Mar indiferente que no llega nunca

Noche que alberga mi llanto

He ido y venido, pero jamás he quedado

Nunca en mi vida nada,

Soy esclavo

Prisionero

Alma condenado

He sido como San Sebastián

Voy entre mar, tormentas y llantos.


III

Leyendo a Sabines a media noche

Mientras pienso en las piernas de alguna dama

Vestida de Azul y desnuda en algún cuarto

Sangre derramada en el piso

Su olor ha de saber a miel y a pan de San Cristóbal

¡ay, ay, ay!

mujeres desnudas

sobre está tierra mojada de Tuxtla.


IV

Otra vez otro poema, otra vez otra declaración poética,

Ninguna me sirve para curarme de espanto

Extraño a la abuela, a mamá Chayo

¡Chayo, Chayo, Chayito!

Ven y cúrame de espanto

No me dejes entre vivos y pendejos

Flor de ceniza, luz de noche,

La más bendita entre todas las mujeres.


V

La quinta parte de un poema, y no sé cómo componerla

No sé, si ir o venir, o más bien, hacer nada

La nada es un vacío

Y la palabra plena jamás llega

Ni siquiera en metáforas

Ni en mis equívocos

Voy fallando, es culpa de la Terraza

Nunca deja de llover


VI

Jamás llegamos en Altamar

Muchos menos en Altazor

Curioso: Alta- Mar

La recuerdo ayer

Era alta y delgada

Pero, jamás me supo amar

Quizás fue culpa mía, por no entender a las mujeres

¿Qué quieren de nosotros?

¿Quieren de nuestro sexo el ser verbo hecho carne?

No soy Dios


 

 

 

 

 

 

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